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San Jorge

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Cuando llega Rafaela: el vínculo con animales en los adultos mayores

Hay días en los que una visita cambia el clima de la residencia.

Cuando llega Rafaela, algo sucede.
Aparecen sonrisas, alguien la llama, otro extiende la mano para acariciarla y no falta quien empieza a hablarle como si se conocieran de toda la vida.

Rafaela es una Golden Retriever y forma parte de una actividad muy especial de Residencia San Jorge: nuestros encuentros asistidos con animales.

Pero detrás de esos momentos espontáneos y afectuosos hay algo más.

Un vínculo que despierta emociones

El contacto con un animal puede favorecer la expresión emocional y generar sensaciones de bienestar y compañía.

Una caricia, una mirada o simplemente tener a Rafaela cerca pueden convertirse en estímulos que invitan a conectarse con el presente y con los demás.

Y muchas veces también aparecen recuerdos.

“Yo tenía un perro…”

“En mi casa había uno igual…”

A partir de una experiencia sencilla puede surgir una conversación, una anécdota o una historia que quizás hacía mucho tiempo no aparecía.

Recordar a través del afecto

La memoria no se estimula únicamente mediante ejercicios.
Los olores, la música, las imágenes y también los vínculos afectivos pueden abrir caminos hacia recuerdos significativos.

La presencia de un animal puede evocar experiencias de otras etapas de la vida y convertirse naturalmente en un punto de partida para conversar y compartir.

También invita al movimiento y a la interacción

Llamarla, acariciarla, ofrecerle algo, acompañar alguno de sus movimientos o participar de una actividad junto a ella genera oportunidades para estimular diferentes capacidades.

Pero hay algo todavía más sencillo y quizás igual de importante: Rafaela genera encuentro.

Entre ella y un residente. Entre residentes que comentan lo que está haciendo. Entre profesionales y residentes que comparten ese momento.

La actividad se transforma así en una experiencia social.

Cada persona establece su propio vínculo
Es mucho más que una actividad

Nosotros entendemos las actividades como parte de la vida cotidiana y no solamente como una forma de ocupar el tiempo.

Buscamos generar experiencias que permitan estimular capacidades, favorecer vínculos y, fundamentalmente, seguir encontrando momentos de disfrute.

Rafaela tiene una manera muy particular de conseguirlo.

No pregunta edades, no conoce diagnósticos y tampoco necesita demasiadas palabras.

A veces simplemente se acerca, recibe una caricia y se queda un rato.

Y ese pequeño encuentro puede convertirse en uno de los momentos más lindos del día.